jueves, 15 de diciembre de 2011
miércoles, 30 de noviembre de 2011
martes, 29 de noviembre de 2011
martes, 3 de mayo de 2011
Entro en tu casa y cierro la puerta muy despacio para no hacer ruído.
Los pocos rayos de sol que surgen esa mañana me iluminan el camino hacia tu habitación. Cómo me gustan estos momentos.
Llego a tu puerta que parece saludarme con entusiasmo; "aquí estoy otra vez". Una sonrisa de felicidad se dibuja en mi cara. Muy lentamente giro el pomo y entro, ahí estás tu, desnudo y dormido. La sábana que cuelga de tu cama deja al descubierto todo tu cuerpo. Ahora si que no me da la boca para todo lo que quiero sonreir.
Con sigilo, voy dejando una a una cada prenda que llevo puesta en el suelo. Recogo la sábana del suelo y te cubro con ella mientras me acurruco a tu lado.
Te miro, los ojos cerrados, la respiración lenta y pausada, el pelo alborotado, no puedo resistirme a tocarte y recorro con las yemas de mis dedos cada centímetro de tu cuerpo, los pelos se te erizan y en respuesta a ellos los mios también lo hacen, parece magia. Es entonces cuando tus brazos comienzan a rodearme y tus labios me sorprenden con un tímido beso que parece decir: "Buenos días mi amor"
Definitivamente soy la mujer langosta más afortunada del mundo
lunes, 11 de abril de 2011
Lunes 11 de Abril, 4am, y el word no para de pelearse conmigo, la página en blanco no me inspira nada y lo único que consigo son frases sin acabar, sin puntos pero sin continuaciones y reflexionando –aunque no mucho- me he dado cuenta de que últimamente no escribo, pero no lo hago porque no quiera –o eso creo- si no simplemente porque ya no me sale de la misma forma, puede ser que haya perdido la práctica, o tal vez que estoy madurando, ya veis todos nos hacemos mayores algún día, incluso yo, que nunca lo habríais creído.
Dicen algunos que no todo el mundo sabe escribir pero yo no estoy de acuerdo con esa postura, todos podemos coger un lápiz y un papel y describir una situación pasada o incluso imaginada y ponernos a hilar detalles y descripciones. Lo que realmente es complicado es ser una de esas personas que tienen facilidad para escribir, que enganchan con sus relatos y que no te dejan suelto hasta que terminas de leer y yo, yo he decidido que quiero ser una de esas personas, tal vez me quede un largo recorrido de noches en vela, como la de hoy, con una hoja en blanco sin imaginación y sin inspiración, incluso puede ser que a nadie le llegue a interesar lo que escriba o que no le guste la manera en que lo hago pero avisados de antemano estais si os digo que no pienso cambiar nada, solo evolucionar, el que no quiera leer que no lea –no tengo pensado amenazar a nadie más de lo justo y necesario para que lo haga-.
Así que por todo eso y por este miedo tan profundo a perder mi toque he decidido que voy a firmar un contrato, algo irrompible, que no tenga vuelta atrás y que me de la opción de tomar medidas con la futura Sara en el caso de que no lo cumpla.
El acuerdo constará de dos simples y básicas voluntades, volveré a escribir por lo menos un día a la semana y comenzaré un nuevo relato mejor, y mas largo que el anterior.
Etiquetas: Contrato
miércoles, 2 de febrero de 2011
¿Sabéis?
Yo siempre pensé que no tenía suerte, que podía jugar a ¡Allá tu! con solo una caja mala y la probabilidad de que me llevase un premio sería mucho menor que en el resto de las personas. Tal vez por esto mismo, por mi propensión a fallar, no me di cuenta de que existía otra suerte, la buena suerte, una suerte que se busca y por la que se debe luchar.
No me malinterpretéis, nunca fue algo que me preocupase demasiado, la suerte y la buena suerte (desconocida para mi en aquel momento) estaban ahí y yo simplemente no creía en mis posibilidades de alcanzarla, quizás porque no era capaz de hacer el mínimo esfuerzo de alargar la mano unos míseros centímetros para tocarla o sencillamente lo que me sucedía era que no creía en mi.
Pero un día apareció algo que me hizo reflexionar, cambió mi forma de pensar y mi prácticamente nulo interés por la suerte. Ese algo era un sentimiento, un sentimiento tan fuerte que escapaba de mi control y de lo único que estaba segura era que no podía dejarlo escapar, ese sentimiento por todos conocido como felicidad era generado por el amor correspondido, desde luego, encontrándolo, gasté toda la suerte que llevaba acumulada a lo largo de los años pero también aprendí a luchar por mantenerlo, a luchar por lo que quiero y a luchar para alcanzar mi buena suerte.
La buena suerte no depende del azar, si no de uno mismo, que nada te detenga.
PD: Y desde luego y sin ninguna duda tu eres la suerte de mi vida.
Sara*
lunes, 15 de febrero de 2010
Siempre pensó que tenía facilidad con las palabras, que podía toser y escupir dos párrafos de una vez, pero era en momentos importantes cuando se daba cuenta de que no, cuando realmente debía, quería y necesitaba hacerlo, se bloqueaba. Quería escribirlo todo y siempre buscaba más, no se conformaba, no le gustaba lo que había escrito y entonces borraba y ante un nuevo folio en blanco volvía intentarlo sin obtener el resultado que deseaba.
Lo único que ella quería, era decirle algo, algo importante, algo que le ayudase a expresar lo que sentía, quería decirle algo que no olvidase jamás, quería que fuese algo único, solo para el.
Quería decirle tantas cosas que no sabía como empezar las ideas se le iban amontonando y cuando estaba dispuesta a empezar a escribir, algo nuevo se le ocurría, así que cerró los ojos, respiró hondo y pensó “¿Qué quiero decirle?” Y entonces se dejó llevar.
“Quería decirle que no existía nadie tan especial en este mundo como lo era el. Quería decirle que era grande, muy grande, gigante, que nadie le había enseñado a vivir tan intensamente como el, que cada día que pasaba a su lado, nada mas levantarse pintaba una sonrisa en su cara. Quería decirle que nadie se inventaba palabras con tanto significado como lo hacía el, que no había conocido a nadie con esas ganas de vivir, con esas ganas de disfrutar. Quería decirle que cada noche cuando el día había sido una desastroso, solo tenía que cerrar los ojos y pensar en el y entonces hasta el mas triste de los días se convertía en el más feliz en tan solo un instante. Pero lo verdaderamente importante que quería decirle era que le quería mas que a cualquiera que hubiese querido nunca y de una forma vehemente, alocada y apasionada”
...Tal vez es así como quieren las langostas...
Sara :D*
domingo, 17 de enero de 2010
A veces encuentro un sitio entre la felicidad y la tristeza donde me siento cómoda
0 comentarios Sentido por Sarita el domingo, enero 17, 2010Estaría bien que lo leyerais acompañado de esta canción (http://www.youtube.com/watch?v=1ShbxvDvRW4), que es como lo escribí yo, aunque no tengo inconveniente en que lo leais sin más, tal vez me conforme con que lo leais.Está escrito asi sin más y no me apetece continuarlo. :)
A veces encuentro un sitio entre la felicidad y la tristeza donde me siento cómoda
A veces encuentro un sitio entre la felicidad y la tristeza donde me siento cómoda. Cuando algo me entristece, o me hace daño, mi grado de felicidad tiende a disminuir y a disminuir y a disminuir, al ser tan alto no habitúo a preocuparme, pero en el momento que llego al fondo, mi orgullo me prohíbe tocarlo y vuelvo a ascender, me repongo, me consuelo, subo y aunque se que hay algo que no me deja llegar a donde me gustaría estar, me quedo en el medio, es un lugar seguro, aquí no tengo miedo.Si miro hacia arriba estoy a un paso de la felicidad sin límite, sin normas, sin barreras y si me vuelvo a caer, la caída no es tan grande como desde más arriba y lo mejor de todo es que esta si tiene límite, una vez en el fondo lo único que puedes hacer es mirar hacia arriba y escalar, escalar solo tu, sin nadie más, no dejes de hacerlo, lo único importante eres tu, no dejes que nada te pueda hacer bajar el limite hacia arriba lo pones tu.
PD: Sin más ni menos, que de eso se trata de lo que a mi me da la gana
sábado, 12 de diciembre de 2009
La verdad es que hace tiempo que no escribo, es la felicidad que me tiene ocupada y no puedo quejarme, aunque me gustaría hacerlo más, en cualquier caso, lo intentaré, lo prometo.
Gracias.
Un beso.
jueves, 26 de febrero de 2009
Son diez minutos antes de las siete y media y como cada día me despierto, diez minutos antes que tú, con la única intención de observarte, de comprobar que sigues a mi lado. Y ahí estas tu, destapado hasta la cintura, con el pelo alborotado, boca abajo y con los ojos cerrados.
Y aguanto mi respiración, para que ningún ruido estropee este momento, tú eres mi momento el momento que elijo para siempre, el momento que nunca cambiaria por nada ni por nadie, el momento más feliz entre todos los momentos.
Pero no resisto a la tentación y con mis dedos recorro todo tu cuerpo, acariciando todos los extremos, quiero notarte entero que no me quede ningún hueco. En el fondo me gustaría que estuvieses despierto para que me agarrases la mano y me recordases por que te quiero.
Los pocos rayos de sol que logran colarse entre la persiana, se amontonan todos en tu espalda como si ella fuera el paraíso, como si ese fuese el lugar mas seguro del mundo.
Por unos instantes me gustaría ser esa luz, esos rayos de sol que iluminan tu espalda para nunca tener que despertarme a las siete y media y descubrir que todo es un sueño que tu no estas a mi lado, que no puedo rozar tu espalda con mis dedos, ni enredar mis manos con tu pelo.
Sara*
Etiquetas: ..tu.., fantasma de tus recuerdos, Sergio, te amo, te necesito, te quiero, te recuerto


